Lo que quedó de Blue Velvet en mí cabeza
En los recovecos de mí cabeza inundada de canciones de los 90’ y datos para tirar en una juntada, quedan películas. Intactas y hermosas conviven entre mis traumas y problemas cotidianos. Ellas cumplen roles o mejor dicho, son funcionales a mis estados de ánimo. Blue Velvet de David Lynch cumple la función de restaurar mí cordura. Esta película conjuga mí fascinación por el arte y mí habilidad emocional la cual corre detrás de mis terrores internos. Lynch plantea como el comportamiento humano es simple y onírico. ningún encuentro es casual y la belleza recae en la interacción, obscura y sentimental. Desde la primera escena, una oreja llena de hormigas en el jardín, nos pone a navegar sobre dos ideas. Por un lado, una vida pueblerina y suburbana la cual busca salir del buen querer. Y por el otro, el submundo que habita la noche en una vorágine anarquista tendida sobre rojos y azules. Recorriendo los encuentros fortuitos y los personajes satélites detenidos en su propio tiempo y espacio, ...