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Experimento exquisito

Tengo una idea que podría romper cabezas. Quiero decir cosas que me cuesta admitir, crear ríos y montañas en lugar de imágenes sacadas de mi rosca nocturna. Algo conceptual para no limitarme, una salida de emergencia para contemplar el conjunto de las palabras elegidas. La genialidad expectante de los sin fundamentos en medio del desastre provocado por la mera razón de caminar. En un sin razón, busco. Boceto en la oscuridad de mi cabeza para lograr una entrega real, un diálogo ficcionado, algo más grande para disociar. Entre esa búsqueda aparecen ruidos coloreados sobre los árboles de la cuadra, maquetas de expansión en el recorrido de la nada, y así empezar a ver el pasado anunciado. Una delicada atmósfera electro pop bajo la sombra de los poetas románticos, ellos audaces gritan como oda al viento: "Estoy segura que me ves, son tus emociones las que cantan una melodía diferente. No soy mi propia especie y así soy parte del todo". Puedo remitir de antemano que la selección de...

Un recital

No quiero bajarme de la ola. Se que cuando baje, las sensaciones de miedo y desesperación volverán a mi cuerpo y ahí todo a foja cero. Cómo siempre el drama de la cotidianidad es cómplice de los pensamientos intrusivos, y ver qué la vida pasa sin un sentido aparente y la realidad se roba los pocos momentos de alegría en esto que hemos llamado adultez. Volvamos a la ola. Hace una semana atrás fui a ver Oasis. Verlos juntos, tocando las canciones que resumen mi adolescencia, me hizo olvidar por unas horas en que me convertí. Dejando mi alrededor, solo me limité a enfocarme en la nebulosa del absurdo poniendo todo el movimiento posible que mi cuerpo a mi edad me permite realizar. Oasis fue en gran parte mi torpeza en la densidad de los ojos ajenos, la incomodidad en la búsqueda de un sincero afecto. un deseo vergonzoso. Un grito desesperado. Sus canciones me daban la libertad que tanto ansiaba. Sentirme una rock and roll star en un mundo lleno de incongruencias patológicas,y la inmensid...

Lo que vendrá

Hay recuerdos verdaderos, otros inventados. Inventados porque nuestra manera de ver el pasado se borra, aunque depende el momento, los retorcemos para que ese recuerdo resuene a anécdota. El querer volver a nuestro punto de partida, a lo que conocemos solamente para resguardarnos del futuro que vendrá. Podría decir que algo de esto ví en lo que vendrá de Gustavo Mosquera. Volver para encaminar la existencia. En este futuro utópico, Miguel vuelve. Al llegar su idea se ve paralizada por una manifestación que es reprimida, y una bala en su cabeza será por donde el desarrollo de los personajes se empiezan a presentar entre los que son y lo que podrían llegar a ser. Miguel, escucha a su padre, a los familiares de la cama de al lado, todo su alrededor se alterna y deja que en algún momento se desprenda.  Entre alucinaciones y luces de neón, un enfermo busca justicia a medida que una huelga en el hospital juega dentro de un clima de abandono y descontento. Sin dejar de nombrar al villano ...

Lo que quedó de Blue Velvet en mí cabeza

En los recovecos de mí cabeza inundada de canciones de los 90’ y datos para tirar en una juntada, quedan películas. Intactas y hermosas conviven entre mis traumas y problemas cotidianos. Ellas cumplen roles o mejor dicho, son funcionales a mis estados de ánimo. Blue Velvet de David Lynch cumple la función de restaurar mí cordura. Esta película conjuga mí fascinación por el arte y mí habilidad emocional la cual corre detrás de mis terrores internos. Lynch plantea como el comportamiento humano es simple y onírico. ningún encuentro es casual y la belleza recae en la interacción, obscura y sentimental. Desde la primera escena, una oreja llena de hormigas en el jardín, nos pone a navegar sobre dos ideas. Por un lado, una vida pueblerina y suburbana la cual busca salir del buen querer. Y por el otro, el submundo que habita la noche en una vorágine anarquista tendida sobre rojos y azules. Recorriendo los encuentros fortuitos y los personajes satélites detenidos en su propio tiempo y espacio, ...

Sobre el cine de Leonardo Favio

Para salir de la dicotomía entre la realidad y la fantasía sumergible, en donde la incertidumbre llena los espacios vacíos, miro pelis viejas nuevas para mi. Así fue como me tope con la filmografía de Leonardo Favio. Recuerdo en mis años de estudiante de cine, decir su nombre era símbolo de pose snob. La repetición mecánica de nombrarlo en los pasillos del Cievyc, me alejo por completo de la idea de conocer su obra. Hoy, pensando con claridad, abrí infinitas ventanas posibles para expandir mi capacidad de comprender como el prejuicio se adecua a las necesidades del momento. Deje mis prejuicios de lado para hablar del cine de Leonardo Favio, el cual me hizo olvidar la desolación que se manifiesta en un mundo atestado de reflexiones idiotas dentro de un sistema tan cruel. En sus películas encontré mundos olvidados, vanidad varonil, mitos y militancia. Desde la crueldad social en Crónica de un niño solo (1965) hasta el héroe caído en Gatica (1993) Favio rescata a los invisibles. Favio rec...