Lo que vendrá
Hay recuerdos verdaderos, otros inventados. Inventados porque nuestra manera de ver el pasado se borra, aunque depende el momento, los retorcemos para que ese recuerdo resuene a anécdota.
El querer volver a nuestro punto de partida, a lo que conocemos solamente para resguardarnos del futuro que vendrá.
Podría decir que algo de esto ví en lo que vendrá de Gustavo Mosquera. Volver para encaminar la existencia.
En este futuro utópico, Miguel vuelve. Al llegar su idea se ve paralizada por una manifestación que es reprimida, y una bala en su cabeza será por donde el desarrollo de los personajes se empiezan a presentar entre los que son y lo que podrían llegar a ser.
Miguel, escucha a su padre, a los familiares de la cama de al lado, todo su alrededor se alterna y deja que en algún momento se desprenda.
Entre alucinaciones y luces de neón, un enfermo busca justicia a medida que una huelga en el hospital juega dentro de un clima de abandono y descontento. Sin dejar de nombrar al villano que debe terminar su trabajo.
Este mundo que él observa es la consecuencia de las decisiones humanas en busca del protagonismo eterno, cuya repetición es mecánica y sin previo aviso puede ser violentamente solitario.
El estar paralizado con los ojos bien abiertos es parte inconsciente de nuestro día a día. Dentro de un sistema que oprime, nuestra mejor versión se esconde entre alucinaciones y gente que es parte de nuestro alrededor.
El volver a ser lo que vendrá como punto de partida para salir de este mundo que nos mantiene en estado catatonico.
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